El frío y los huesos

Una de las creencias populares más enraizada es que el frío y la humedad producen reuma, afectando a los huesos y justificando los dolores reumáticos que se agudizan en otoño e invierno. Se utilizan expresiones como, “tener el frío metido en los huesos” o “me duelen los huesos del frío”. Es tal la creencia, que algunos se plantean un cambio de trabajo o, incluso, de residencia, al iniciar dolor o molestias en el aparato locomotor.

Hay que aclarar que el frío y la humedad no causan enfermedades reumáticas. Por tanto, cuando comienzan las dolencias reumáticas se debe consultar al médico para averiguar el carácter y origen del problema. Se reconoce, sin saber por qué, que estas condiciones climatológicas agravan los síntomas en bastantes enfermedades reumáticas (como artrosis, artritis, tendinitis, cervicalgia, lumbalgia, síndrome fibromiálgico…), aunque no sucede en todos los casos por igual. Todos conocemos personas que anticipan cambios climáticos, al notar una reagudización de dolencias actuales o pasadas en sus huesos, articulaciones, músculos, tendones, fascias o ligamentos.

Otros procesos reumáticos que pueden aparecer también en este tiempo son algunas artritis inflamatorias (como la artritis reumatoide, laartritis psoriásica, las espondiloartritis…); aunque la mayoría de las veces son reagudizaciones del proceso ya desarrollado, lo que puede requerir un reajuste de los tratamientos sintomáticos (analgésicos, anti-inflamatorios y corticoides). En personas mayores de sesenta años, la clínica se presenta frecuentemente de forma particular, lo que los médicos conocemos como polimialgia reumática, con dolores alrededor de hombros, caderas y cervicales, más acentuado de noche, con gran incapacidad funcional de mañana y persisten o se agravan a lo largo de semanas.

A veces es un proceso aislado, pero otras es el inicio de trastornos más graves, como la arteritis de la temporal, que causa inflamación de arterias extracraneales y, en ocasiones, de arterias más profundas, pudiendo originar complicaciones como alteraciones visuales e incluso ceguera, sino se trata a tiempo y adecuadamente con dosis altas de corticoides. Es importante realizar un correcto y temprano diagnóstico de estas patologías y aplicar el tratamiento más oportuno. Hoy en día disponemos de múltiples terapias (curativas o paliativas) efectivas para recu-perar la calidad de vida en la mayoría de los casos.

En términos generales, la recomendación es descartar que dichos dolores no se deban a una causa diferente y que, eventualmente, tenga un tratamiento específico. Si eso ya está definido, se recomiendan medidas generales como no exponerse al frío y/o algún tipo de antiinflamatorios recetados por su médico.

Prevención

  • Dieta adecuada y equilibrada, rica en calcio y vitamina D, que incluye derivados lácteos, pescados, frutas y verduras.
  • Evitar el exceso de sal.
  • Hacer ejercicio regularmente, esto supone, andar media hora al día o por lo menos tres días por semana; alternativamente, se puede optar por hacer gimnasia en el agua o bicicleta estática, lo cual es recomendable en gente con problemas articulares en miembros inferiores o de espalda
  • Tomar el sol de forma regular, al menos quince minutos diarios, un mínimo de tres días por semana, con las precauciones debidas. El sol facilita que nuestra piel produzca vitamina D, la cual sirve para la correcta absorción de calcio y otros efectos beneficiosos sobre los huesos, músculos y el sistema inmunológico.

saber-vivir-dolor-de-huesos-y-de-articulaciones-17-06-11

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