Archivos mensuales: febrero 2007

El Estress y su Manejo

por Edmundo Alfaro 

¿Qué es el estrés?

El estrés es la inquietud emocional y las molestias físicas que los seres humanos experimentan al ajustarse a los continuos cambios de su entorno; el estrés tiene en nosotros efectos de tipo emocional y físico, y puede originar influencias positivas o negativas. Como una influencia positiva, el estrés puede vigorizarnos para decidirnos a la acción, activarnos hacia un nuevo despertar, o hacernos vislumbrar una hasta entonces desconocida y excitante perspectiva. Como una influencia negativa, el estrés puede resultar en sentimientos de desconfianza, rechazo, enojo y depresión, los cuales a su vez pueden llevarnos a la ansiedad, a la angustia y a problemas de salud como dolores de cabeza, malestares estomacales, bochornos, insomnio, úlceras, alta presión sanguínea, enfermedades y / o ataques cardíacos.

La muerte de un ser querido, el nacimiento de un bebé, la pérdida del empleo, una promoción en el trabajo, o una nueva relación sentimental, pueden provocarnos estrés mientras ajustamos nuestras vidas a la nueva situación. Precisamente en el proceso de ajuste a circunstancias diferentes, el estrés puede resultarnos de ayuda, o de daño dependiendo de cómo reaccionemos frente a él.

¿Cómo se puede eliminar de la vida al estrés?

Simplemente no es recomendable eliminarlo, ni es posible hacerlo.

El estrés positivo agrega excitación e impulso a nuestras vidas; todos reaccionamos mejor con un cierto nivel de estrés: fechas límite, competencias, confrontaciones, e incluso frustraciones y tristezas pueden enriquecer y ampliar nuestras vidas. Nuestro objetivo no debe ser la eliminación del estrés, sino cómo aprender a manejarlo y cómo usarlo para que nos sirva como una ayuda. Un estrés insuficiente actúa como depresivo y nos puede llevar a sentirnos aburridos o abatidos; por otro lado un estrés excesivo puede inmovilizarnos y conducirnos a sentirnos “hechos nudo”. Lo que necesitamos es encontrar como individuos, el nivel particular óptimo de estrés que pueda ser un aliciente sin que llegue a dominarnos.

¿Cómo se puede saber cuál es el nivel óptimo de estrés?

No existe un nivel de estrés que pueda ser considerado como el óptimo para toda la gente. Somos criaturas individuales con necesidades particulares y únicas. Así, lo que para uno puede ser estresante, podría ser motivo de interés para otro. Es más, aunque se pueda estar de acuerdo en que un evento en particular debiera ser motivo de estrés para todos, habrá que reconocer que todos diferiremos en nuestra reacción personal, sicológica y fisiológica frente a ese mismo evento.

Las personas que gustan de estar en todo y que se mueven en su actividad de un sitio para otro, podrían estresarse en un trabajo rutinario, mientras que las personas que gustan de labores iguales y repetitivas podrían estresarse en un trabajo donde tuvieran que cumplir con obligaciones diversas. Además hay que tener en cuenta que las necesidades personales de estrés, o los niveles que podemos tolerar antes de que el estrés empiece a causarnos daño, cambian conforme pasan los años en la vida de cada persona.

La experiencia médica ha comprobado que un buen número de las enfermedades que sufren las personas, están relacionadas con estados prolongados de estrés al que no se le ha dado un manejo adecuado. Si alguien está ya manifestando síntomas de angustia, quiere decir que se encuentra sobrepasado en su nivel óptimo de estrés, y por ello necesita reducir el estrés en su vida y mejorar su habilidad para manejarlo.

¿Cómo se puede mejorar el manejo del estrés?

Para reducir los efectos negativos del estrés al que no se le ha dado una salida adecuada, no es suficiente con identificarlo ni con darse cuenta de sus dañinas consecuencias. Así como hay muchas fuentes de estrés, también hay muchas alternativas para su manejo adecuado. Sin embargo, TODAS ESTAS ALTERNATIVAS PARA EL MEJOR MANEJO DEL ESTRES REQUIEREN ACTITUDES Y DECISIONES VALIENTES ORIENTADAS AL CAMBIO.

Cada persona deberá trabajar en la modificación dentro de lo posible, de las causas que le producen el excesivo estrés, y sobretodo en lo que se refiere a su propia reacción frente a él:

1.- Identifica las causas de tu exceso de estrés, y las reacciones físicas y emocionales que éste te provoca.

Date cuenta de tu angustia, no te la niegues a ti mismo, no la ignores, no hagas caso omiso de esa situación que si la desatiendes, puede convertirse en un problema grave de salud.

Precísate a ti mismo cuáles son los eventos que causan tu angustia. ¿Qué significado tienen para ti esos eventos? No te angusties si has de reconocer que esos eventos en verdad te provocan miedo y que de ese miedo se deriva tu estrés. ¿Miedo a qué?

¿Cómo responde tu cuerpo al exceso de estrés? Es posible que el estrés altere el control de tus nervios, o te ponga físicamente enfermo; si es así, identifica la forma concreta y específica en que se manifiestan en ti esos fenómenos. ¿Qué sientes y dónde lo sientes?

2.- Reconoce en tu interior lo que efectivamente puedes cambiar o modificar.

¿Puedes eliminar del todo, o al menos puedes evitar las causas o los eventos que te provocan el exceso de estrés? Ten en cuenta que el pasado ya es historia y no admite cambios. No sacas ningún provecho al atormentarte con lo que pudo haber sido y no fue, o con lo que tuviste y ya no tienes, o con los errores cometidos antes y que ahora ya no tienen remedio.

¿Puedes reducir la intensidad del impacto de los eventos que te estresan si, en lugar de enfrentarlos sobre una base diaria o semanal, te enfrentas a ellos decididamente y durante un período de tiempo predeterminado por ti para solucionarlos en definitiva?

¿Tomar un descanso o alejarte por unas horas del lugar o de las personas que te estresan, te ayudaría a sentirte menos angustiado?

¿Estás dispuesto a dedicar el tiempo y la energía que fueran necesarios para hacer realidad el cambio, o la modificación de las causas que te provocan ese exceso de estrés?

Ajusta tus metas al ámbito de la realidad y de lo posible. Organiza tus actividades según criterios de prioridad e importancia, para dedicarles razonablemente tu tiempo y tu esfuerzo: el día sólo tiene 24 horas, y de ellas conviene dedicar ordinariamente no más de 10 al trabajo. Probablemente has sacrificado muchas vacaciones por cumplir con tus metas, toma ahora unos días para ti, reúnete con tus amistades, sin poner en peligro tu economía adquiere “esas cosas” que siempre has deseado disfrutar, etc… Gratifícate alegremente de vez en cuando!.

3.- Reduce la intensidad de tus reacciones emocionales frente al estrés.

Generalmente el estrés excesivo se dispara debido a que percibes un peligro físico o emocional en el presente inmediato o para el futuro. Es conveniente que racionalices tus miedos:

No permitas que tu fantasía asustada construya monstruos míticos decididos a acabar contigo; pregúntate si no estás exagerando sobre la gravedad o inminencia de las situaciones que provocan el surgimiento incontrolable de tus miedos. Reflexiona y sé cauto, no vaya a ser que en tu mente estés convirtiendo lo que es simplemente una situación difícil, en un desastre ya irremediable. Una persona angustiada por altos niveles de estrés, generalmente toma decisiones equivocadas o fuera de oportunidad.

Trata de atemperar tus excesos emocionales. Date tiempo, pon las cosas y las circunstancias en perspectiva y/o en su dimensión real; deja de insistir sólo en los aspectos negativos de una situación, busca alternativas positivas. Sobretodo no te permitas entrar al laberinto mental de los “…y si pasa esto, y si no sucede aquello, y si falla lo de más allá,…” pues perderás la calma, la serenidad y la salud tratando de encontrar hoy todas las respuestas par un futuro que siempre es impredecible, que no depende únicamente de lo que tú hagas o dejes de hacer, y en el cual juegan innumerables factores fuera de tu control.

En todo caso, cuando el futuro llegue finalmente a convertirse en presente, te darás cuenta que habrá traído oportunidades consigo, y que sólo podrás aprovecharlas si has sabido conservar la calma y la salud pese a las crisis.

ES inútil que trates de complacer a todos y cada uno en tu trabajo, en tu grupo social, e inclusive en tu familia. Siempre habrá quien no esté de acuerdo contigo, o quien te negará el reconocimiento que esperabas. Dedícate a lo tuyo, pero no trates de prevalecer en todo y sobre todos, pues sufrirás un serio rechazo a cambio de un severo desgaste en tus relaciones interpersonales.

Ni todos los asuntos, ni todas las cosas son absolutamente críticas y/o urgentes. El sentido común te dirá siempre las que efectivamente lo son; tu vanidad y tu inseguridad te insistirán en que todo urge. Cuidado!

Acepta que el estrés es una situación a la que efectivamente te puedes enfrentar para manejarla mejor; no te permitas la posibilidad de admitir que el estrés pueda prevalecer sobre tu persona.

4.- Aprende a moderar tus reacciones físicas ante el estrés.

Respirar hondo y despacio restablecerá el ritmo normal de tus pulmones y de tu corazón aun en esos momentos difíciles que podrían dar origen al desencadenamiento de un estrés agudo.

Técnicas comunes de relajación te ayudarán a reducir la tensión muscular, y a restablecer tanto el ritmo normal de tu corazón, como la presión regular del flujo sanguíneo.

Si el nivel de tu angustia por estrés es muy alto, recurre a un médico especialista que te prescriba algún relajante para moderar en el corto plazo las reacciones físicas de tu organismo derivadas de la angustia. Sin embargo, nadie ni nada podrá remplazar en el mediano y largo plazo tu trabajo y esfuerzo personal para aprender a moderar con eficacia tus reacciones físicas frente al estrés.

5.- Robustece tus reservas físicas.

Mantén en buena forma tu sistema cardiovascular practicando 3 o 4 veces por semana algún ejercicio moderado y rítmico como la caminata, el ciclismo de salón, la natación o la gimnasia, siempre en consonancia con tu edad y con tus condiciones físicas y de salud.

Aliméntate con una dieta nutritiva y balanceada.

Mantén el peso que te haya sugerido el médico.

Duerme no menos de 8 horas. Respeta tu horario acostumbrado de sueño.

No consumas ni estimulantes ni drogas. Sé moderado al consumir alcohol, café y cigarrillos; sería mejor que los evitaras del todo.

Contrariamente a lo que parece recomendable en tiempos de crisis, tómate algunos descansos para estar en contacto directo con la naturaleza. Disfruta completos tus fines de semana. Ocúpate en otras actividades, y desarrolla otros intereses fuera del trabajo, y… gózalos en serio.

6.- Conserva tus reservas emocionales.

Establece con sentido común riesgos y metas que si estén a tu alcance, y cuyo logro dependa mayormente de tu esfuerzo y constancia, y no tanto de la suerte, o de la voluntad o a favor de otras personas. Definitivamente no aceptes que otros te impongan metas o intereses que no compartes, o que no tienen significado de valor personal para ti.

Cada uno de nosotros debe decidir que quiere de su oportunidad de vivir, sin olvidar que una de las características de la vida es la incertidumbre. Nadie tiene comprada su vida, nadie sabe con certeza ni cómo va a transcurrir, ni cómo ni cuándo va a terminar. Hay que aceptarla como viene, como se presenta cada día. Por ello debes esperar, y aceptar desde luego, que a lo largo de las tareas que te impongas por conseguir tus metas en la vida, surgirán contrariedades y obstáculos pero que los podrás superar con paciencia, coraje, resolución, valentía, y constancia, y si es preciso modificando la amplitud de tus metas, o reprogramando las etapas y los tiempos para lograrlas.

Enriquece tu reserva emocional con la certeza de que hoy lo realmente importante es vivir, y que vivir es aceptar la incertidumbre, es aprender, es luchar por alcanzar metas, es arriesgar, es intentar de nuevo, es adaptarse a los cambios.

No te aísles, no te quedes solo, no interrumpas la comunicación con tus familiares, con tus amigos o con tus colegas; desarrolla con ellos una red personal de apoyo mutuo, y participa no sólo cuando tú los necesites en momentos de crisis, sino también cuando los demás requieran de tu ayuda emocional, porque al final de cuentas, vivir es amar, es compartir, es participar, es comprometerse, es cumplir, es buscar la felicidad propia, es propiciar el bienestar ajeno.

CONCLUSIONES.

“Queda prohibido no convertir en realidad tus sueños, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no sonreír a los problemas. Queda prohibido tener miedo a la vida y a los compromisos, no comprender que lo que la vida te da también te lo quita. Queda prohibido no buscar tu felicidad, no vivir tu vida con una actitud positiva. Queda prohibido no creer en Dios o dejar de dar gracias a Dios por tu vida”. Pablo Neruda.

Al final de las crisis, los únicos que podrán aprovechar con plenitud las nuevas oportunidades, serán los que, valorando debidamente el don maravilloso e irrepetible de su propia vida, en los peores momentos supieron manejar la ansiedad, la angustia y el estrés, mantuvieron la calma, e hicieron todo lo necesario para, en medio de las dificultades, conservar la salud física y mental.

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